Eso que llaman locura
En los insondables rincones de la mente, las neuronas se unen y crean puentes por los cuales recorren brevísimas cargas energéticas de un lado hacia otro en un aparente caos que termina en una idea, un pensamiento, una satisfacción, una acción, un movimiento, una palabra.
Pero como nada es perfecto en este mundo, a veces el cerebro falla, o le hacen fallar, dando como resultado pensamientos y vidas fuera de lo común, de lo que se supone normal.
A mi forma de ver las cosas, sin ser médico y arriesgándome a que un psicólogo me mande al diablo por escribir tanta pendejada, existen para mí varios tipos de locuras y distintos grados de ella, pero todos caen en buenos y malos, locos peligrosos ó locos inofensivos y hasta buenas gentes.
En donde crecí había un loco que lo llamábamos el "Canta y Baila", loquito buena gente nunca era agresivo a menos que lo molestaran y cuando le dabas una moneda el hombre se ponía a bailar y a cantar por un momento, todos nosotros niños nos divertíamos observándolo ver bailar una y otra vez.
Creo que desde ahí empecé a tomar un cariño a la locura, a esa locura buena con la que no haces daño pero te permite escaparte y abstraerte de este muchas veces, mundo absurdo. Cuando leí el Quijote también de niño, me llenaba de emoción, me liberaba, quería ser Don Quijote no solo por viajar en busca de aventuras sino además porque sabía que El Ingenioso Hidalgo era un loco buena gente; más tarde cuando lo leí nuevamente ya de joven se me encendía el pecho sabiendo que este flaco chiflado quería cambiar el mundo, a su manera, pero lo intentaba.
En el camino que solía ir al trabajo me encontré un par de ocasiones con un vagabundo loco, era muy alto más de 1,90 m andaba descalzo con ropa muy harapienta, de sus manos salían toda clase de alambres, piolas, cuerdas o agujetas que iban a parar a los pescuezos de una jauría de animales flacos de ojos tristes, que mostraban aprecio por su amo.
Alguna vez vi unas grabaciones en VHS de finales de los 80 e inicios de los 90 según mis cálculos; era un video filmado en el Hospital San Lázaro donde se conversaba con varios pacientes todos idos, unos más otros menos. Dos fueron los que más me impactaron, el de una señora de unos 50 años con el pelo muy cano sus manos y rostro con huellas propias del tiempo, ella parada frente a una baranda del pasillo no permitía que se le acerquen demasiado y siempre repetía las mismas frases una y otra vez, decía que su madre no le permitía ir a ver a su novio; verdadera locura de amor creo yo.
El otro era un hombre mestizo, alto, barbudo, de unos 35 años, vestido todo de rojo, en la cabeza llevaba un turbante del mismo color con un medallón en el centro y en el pecho colgado con imperdibles estampas de diferentes santos o beatos.
- Yo soy Kalimán, esto es para que yo pueda leer la mente, aquí están los transistores y condensadores - decía apuntando con su dedo a su turbante. Luego mostraba sus estampas en el pecho: - Estos son los poderes, mis poderes, si me los quitan me pueden ganar.
En un patio con la luz de la mañana dando sombras perfectas, era tal la convicción con la que se expresaba Kalimán, lo brutalmente romántico y absurdo de la escena que se me hizo un nudo en la garganta y un vacío en el pecho, me dio ganas de llorar.
A veces cuando veo un loco bueno, me dan ganas de ser así, no preocuparme por nada, ser feliz en mi mundo, bailar y cantar sin prisa, escaparme de esta sociedad, unirme a perros callejeros y dormir en una vereda, esperando que llegue el día en que se acaben las estupideces del mundo racional.
A Kalimán de esta historia, donde quiera que estés.







moi dijo
Tierno hasta la médula el post.
En mi tierra había uno al que llamaban Sheri...lo atropellaron y curándose con su propia saliva se levantó y corrió a su casa...no ha vuelto ha salir; pero su andar pausado acompañado de un breve salto no se borra de mi memoria.
A veces lo veo en la terraza de su casa, bien vestido, con su mirada en todo, pero en otro lado.
27 Septiembre 2009 | 11:48 PM