- ¡Mira XXXX, mira eso es Quito!

Me asombré, me acomodé en las piernas de mis padres y pegué mi cara de guambra a la ventana del bus, luego de un silencio regresé.

- tantas estrellas tiene Quito...

- ja ja ja ja,  esas no son estrellas mijo son las luces de la  ciudad.

Yo seguía asombrado.

Esto pasó hace ya varios años cuando yo era un niño al que se le atrancaban las palabras.

Luego, recuerdo también siendo un niño estar sentados solos con mi hermano menor en la vereda del parqueadero del Andrade Marín, jugábamos con un muñeco de Ásterix  recién salido de un Lucky Mágico.  Adentro  operaban a mi padre y mi mamá estaba con él, a nosotros no nos dejaron entrar.

De igual forma solía acompañar a mi madre a hacer los típicos trámites en los ministerios, yo disfrutaba hacer esos viajes en especial por caminar por la Amazonas una vez pasado el aguacero vespertino, entrar a esa librería que íbamos con mi mamá y recoger hojas caídas.

Pero ahora, ya son más de seis años que vivo en UIO y cuando vine me encontré una ciudad de estrés, apática, gris, mojada, con gente rara; en un inicio no quería estar acá no consentía que todas las tardes deba llover, que en moverme de la U a mi guarida me demore hasta dos horas, que los aniñados me vean raro y me hablen con ese tonito molesto, que haya tanto ruido, que la mujeres estén interesadas pero no lo demuestren para nada, que se crean la última mamada del mango. Tal vez fue mala suerte o  de inicio topé a la gente equivocada.

La cuestión es que en esos primeros años me lancé a conocer esta ciudad como me gusta, solo, caminando, yendo a ninguna parte, subiéndome a cualquier autobús, entrando a museos, tiendas, librerías, bares, galerías, teatros, cafés, conversando con rockeros, colegiales, guardias, pelados de semáforo, cantantes de bus, viejas encopetadas en tardes de cine, etc, etc. Arranqué esa etiqueta de ciudad apática pero sin embargo seguía viendo a UIO como algo lejano.

Hace unos días me replanteé mi relación con esta ciudad y descubrí que empiezo a quererla, a mí mismo me suena raro pero es así, y entre varias razones debe ser porque en ella he descubierto los absurdos más grandes, porque acá he visto cosas impactantes, por su forma de influir en mí, por las oportunidades que me ha dado su gente; porque acá he visto y he sentido la necesidad, porque ha habido épocas en las que me ha dejado solo y la gente ni se ha percatado, acá fue la primera vez que me apuntaron con una arma, por sus putas y travestis, por sus personajes, por su miseria, por sus fiestas, por el duende de la Patria, por sus luces, porque acá puedo ir con frecuencia al teatro, a galerías y a conciertos, porque acá he conocido gente valiosa, conocí a muchísimos más chagras como yo y también a quiteños que no calzan en el cliché, porque esta ciudad me ha cambiado y también me ha permitido cambiarla un pocofff.

Ahora, pego mi cara de guambra al visor de mi cámara fotográfica, veo las luces de UIO y me siguen asombrando.